Asesinos

By mstrogoff

El rastreador
Maurice Godwin. Fred Rosen
Ed. Alba, 2006

El rastreador (Predator) es un programa informático de la mayor utilidad para la ciencia forense: elabora el perfil psico-geográfico de un asesino en serie. Partiendo de la psicología ambiental (“somos los lugares en donde estuvimos”) y de los sistemas de información geográfica (SIG) cuyos primeros antecedentes pueden encontrarse –aplicados a ámbitos como la epidemiología– a mediados del siglo XIX, el programa aplica un algoritmo matemático “capaz de encontrar sentido a datos aparentemente dispersos sobre el lugar del crimen”. Analiza los movimientos del asesino y la relación entre los lugares donde actúa, y como resultado señala en un mapa una pequeña zona de predicción, en la que cabe esperar encontrar el domicilio o punto de partida del asesino.

El creador de Predator, Maurice Godwin, doctor en Psicología y criminólogo, enumera en este libro las virtudes de su criatura y por qué ésta, al contrario que los métodos utilizados habitualmente por el FBI en la elaboración de perfiles de asesinos en serie, funciona. Mientras dichos métodos pueden ser calificados de cualquier cosa menos de científicos (el autor llega a ponerlos “a la altura de las declaraciones de los parapsicólogos y los astrólogos”), Predator trabaja con datos sobre el escenario del crimen, la conducta del asesino y, en definitiva, “los hechos”; porque “lo que hacen los criminales revela más información de la que podamos obtener interrogándolos”.

“Olvídense de El silencio de los corderos. Los asesinos en serie con el encanto de Aníbal Lector no existen. Tampoco existen en el FBI expertos en elaboración de perfiles como Clarece Starling. (…) El FBI jamás ha detenido a un asesino en serie. Ni a uno solo. Los perfiles que elabora están más cerca de la ficción de Harris que de los hechos científicos.”

Ya ven: no muy tranquilizador. Sobre todo tras asistir, en las páginas del libro de Godwin, al relato de los crímenes cometidos por algunos de estos asesinos (algunos de los cuales esperan actualmente en el corredor de la muerte el cumplimiento de sus sentencias; otros todavía andan sueltos). Aun cuando el autor evita en lo posible el detalle escabroso, es continua la cita de informes policiales –a veces elaborados por él mismo– referidos a numerosos casos. Vale un adjetivo empleado en la contraportada del volumen: espeluznante.

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